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¿Qué es el síndrome metabólico?

El síndrome metabólico está formado por un conjunto de factores, que aumentan el riesgo a padecer enfermedad cardiovascular y diabetes tipo 2. Estos factores de riesgo son: exceso de grasa en abdomen, hipertensión arterial, aumento de los niveles de lípidos y glucosa en sangre.

El síndrome metabólico fue descrito por Reaven en 1988 como una forma práctica de identificar a personas que requieren hacer un cambio en su estilo de vida para disminuir su riesgo cardiovascular.

Causas del síndrome metabólico

La causa del síndrome metabólico es compleja y multifactorial. Intervienen factores genéticos, ambientales y metabólicos, que van a influir en el tejido adiposo y la inmunidad innata. Todos los factores asociados al síndrome metabólico están interrelacionados y todos están vinculados al estilo de vida y los hábitos dietéticos.

La presencia de obesidad es indispensable para diagnosticar el síndrome. La industrialización permitió cambios en el estilo de vida. En la prehistoria el hombre necesitaba realizar una gran actividad física diaria para conseguir alimentos; en la época actual los procesos tecnológicos permiten tener a nuestra disposición una gran cantidad de alimentos de forma inmediata. Este cambio en el estilo de vida provoca que nuestra dieta sea alta en calorías, rica en grasas, baja en fibra y rica en carbohidratos refinados. Este tipo de dieta conlleva una disminución de la actividad física y un aumento de peso corporal.

El tejido adiposo abdominal o visceral, es muy activo y se comporta como un tejido dinámico, liberando diferentes sustancias: ácidos grasos, leptina, citoquinas, entre otras. Este tejido adiposo posee además una elevada actividad lipolítica, que aumenta el flujo de ácidos grasos libres en plasma, produciendo un aumento en la síntesis de triglicéridos, una disminución de la captación periférica de glucosa, disminución de la secreción de insulina por parte del páncreas y aumento del colesterol LDL. Al mismo tiempo aumenta la producción hepática de glucosa y el hígado disminuye su captación, aumentando la glucemia. Todo ello favorece la aparición de un estado proinflamatorio, de resistencia a la insulina o de daño en las paredes de los vasos sanguíneos.

Diagnóstico del síndrome metabólico

Es importante diagnosticarlo, ya que cuando está presente, es indicador de un elevado riesgo cardiovascular. Cuando no se cumplen todos los criterios para su diagnóstico, es una alerta, para ya empezar a realizar cambios en el estilo de vida.

Tratamiento del síndrome metabólico

Disminución de peso. Lo más importante es la pérdida de peso, para disminuir la grasa abdominal, para ello es básica la dieta y el ejercicio físico.

Dieta.

  • Disminución de las calorías diarias de la dieta, para conseguir perder un 10% del peso corporal.
  • Baja ingesta de grasas saturadas, grasas trans y colesterol, favorecer el consumo de grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas.
  • Reducción de la ingesta de azúcares simples. Consumir carbohidratos con bajo índice glucémico.
  • Aumentar la ingesta de frutas y verduras.
  • Consumir verduras, legumbres, frutas, frutos secos, cereales integrales y aceite de oliva. Reducir la ingesta de carnes rojas, leche y queso y aumentar el consumo de pescado.

Ejercicio físico.

Un programa de ejercicio físico moderado evita la acumulación de grasa abdominal, ayuda a perder peso y a mantener el peso perdido.

El tratamiento farmacológico debe utilizarse cuando las medidas anteriores no sean suficientes. El síndrome metabólico confirma la relación entre los trastornos asociados al estilo de vida y un mayor riesgo cardiovascular. En último término debe ser un estímulo para mejorar la forma de cuidar nuestra salud.

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